UNA MIRADA SOBRE LOS PRIMEROS VERSOS
QUE TUVO EL TANGO
Tercera Parte
por Héctor Ángel Benedetti
Entre 1916 y 1917 el complejo proceso de evolución que tuvieron los versos del tango pareció llegar a un punto de quiebre, a un momento que marcaría un antes y un después.
El pianista Samuel Castriota, encabezando un trío típico que se completaba con Antonio Gutman en bandoneón y Atilio Lombardo en violín, estrenó una noche en el café El Protegido, de la esquina de San Juan y Pasco, un tango propio llamado
Lita. No tenía letra; esta carencia todavía era muy común en 1916. Este tango adquirió una modesta difusión en Montevideo y allí, en el cabaret Moulin Rouge, lo escuchó otra noche el poeta y guitarrero Pascual Contursi, que resolvió colocarle versos. El consentimiento o no del autor de la música poco le importó; de hecho, ya había practicado lo mismo con otros músicos notables de la Guardia Vieja como Arolas, Martínez o Greco. (Contursi actuaba en el cabaret sin percibir remuneración. Vivía de las propinas que le daban los clientes agradecidos por sus canciones; es decir,
pasaba la queta). El propio Contursi lo cantó por primera vez, a más tardar en los primeros días de enero de 1917. En el también oriental Teatro Urquiza actuaba simultáneamente el dúo Gardel-Razzano; alguien (¿el mismo Contursi?) acercó esos versos para que los entonara Gardel solo, acompañado por el guitarrista José Ricardo. Nada cuesta imaginar la escena. Ya de nuevo en Buenos Aires, Gardel lo interpretó otra vez, para grabarlo luego en disco bajo su título definitivo:
Mi noche triste.
Percanta que me amuraste
En lo mejor de mi vida...
Sin saberlo, Pascual Contursi había revolucionado el tango. Aparecía una narración, una historia en aquella poesía; también llegaban la tristeza y lo íntimo. Todo con un lenguaje mechado de lunfardismos, sobre una música que aún no se había despojado totalmente de la milonga: por estar estructurado en décimas octosílabas, hasta se percibe alguna reminiscencia del canto rural bonaerense. Pero esto ya se desviaba irreparablemente del tango primitivo. Entre otros rasgos, los héroes dejaban de ser proxenetas y dentro de la limitada ética barriobajera tendían a ascender.
Es lugar común decir que la grabación de
Mi noche triste por Gardel es la primera de un tango cantado; lo justo sería:
de un tango cantado tal como hoy lo reconocemos.
No sólo Mi noche triste; también
Flor de fango, Ivette, De vuelta al bulín,
Qué querés con esa cara, Pobre paica, La mina del Ford y varios más son el reflejo de la poética de Contursi, que se cierra en 1928 con
Bandoneón arrabalero. El contenido de cada uno casi puede deducirse desde el título. De su mano salió la primera letra de
La cumparsita, que siguiendo su costumbre pasó a ser Si
supieras:
Si supieras
Que aún dentro de mi alma
Conservo aquel cariño
Que tuve para ti...
Esto, ante el escándalo impotente de su compositor, Gerardo Hernán Matos Rodríguez. Corría 1924; la música original ya estaba grabada en 1916.
A partir de Mi noche triste, la historia de la letra de tango fue un poco la historia de cada autor. Los poetas podían inscribirse en una tendencia u otra, y se reconocían estilos personales.
Inmediatamente surgió Celedonio Esteban Flores (1896-1947). Sólo
Mano a mano hubiera bastado para incluirlo en los fastos del tango; cada línea suya está cargada de una abrumadora potencia. Sus retratos llegan a ser insufriblemente crudos; así, al hablar de una “vieja conocida” en
Margot, no duda ni un instante en decir
¡Me revienta tu presencia,
Pagaría por no verte...!
Porque Flores no se limita al sollozo de aquel inicial Contursi. Flores cavila, lucha y hasta aconseja. Habla de la barriada, de sus personajes y de sus actitudes (para 1920 el compadrito ya ha devenido en habitante de conventillo o en parroquiano de café). Lo hace con su mismo lenguaje; pero además de la descripción se nota un sincero ejercicio de todo lo arrabalero; por esto mismo sus creaciones son en todo momento frescas, espontáneas.
Rosita Quiroga como intérprete y Flores como autor llegaron a un entendimiento absoluto. Veinticinco temas le grabó ella. Y cuando en 1926 llega el sistema de grabación eléctrico —y por primera vez un artista puede registrar discos con micrófono—, es Rosita quien lo inaugura, precisamente con dos tangos de Flores:
La musa mistonga y Beba.
© 2006, Héctor Ángel Benedetti.
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