|
|
|
|
|
Nacidas para el tango
Es un trío pero suena como una orquesta. Es imposible no captar la energía positiva que surge de esos instrumentos, la fuerza y la pasión que esas tres jóvenes instrumentistas trasuntan en su interpretación. Son Las Rositas: un atípico trío tanguero formado por violín, viola y piano. Apenas rondan las bodas de plata con la vida y traen consigo toda la frescura, el candor y el empuje de su juventud. Y también su talento innato, que las destaca a la hora de hacer arreglos, ensayar nota a nota y poner el alma en cada interpretación. Con explícita formación clásica, Las Rositas entrelazan en su repertorio impecables versiones de un Piazzolla casi camarístico en sus Estaciones Porteñas, Oblivion o Libertango, con pícaras, casi arrabaleras versiones de genuinos clásicos populares como El Firulete, Gallo Ciego o una creación incomparable de La Yumba. Rosita Violín y Rosita Viola –como ellas acostumbran identificarse en su círculo más cercano– son hermanas, nacidas y formadas musicalmente en la Patagonia. Rosita Piano, en cambio, es cordobesa. Las tres residen en la ciudad de Córdoba y sus pasiones musicales por el tango las llevó a coincidir en sus ganas de conocer el género, investigarlo, disfrutarlo. Y así nació Las Rositas Trío de Tango, de la mano de Gabriela Palma en violín, Cecilia Palma en viola y Ana Belén Disandro en piano. Tan simple y a la vez tan trascendente como eso: amar al tango, apasionarse por el tango e interpretarlo dejando la vida en cada escenario. Las conocí por septiembre u octubre de 2007 –ya mucho no importa– una tarde de domingo en el restaurant del Pasaje Barolo, en la porteñísima Avenida de Mayo. Competían en la ronda eliminatoria del 2º Concurso de Conjuntos Orquestales. El jurado les dio la victoria por 49 puntos sobre un máximo posible de 50. Y el público les brindó una aclamación. La semifinal no fue problema; lograron el puntaje máximo: 50 puntos. Y en la final, emocionante, arrolladora, ganaron por unanimidad de jurado, público y sus propios adversarios finalistas. Lo que atrapa de Las Rositas es su auténtica pasión tanguera junto a un virtuosismo que asombra. Basta observarlas al interpretar, al hablar de tango, al escuchar de una u otra su habitual encendida proclama “¡Amo el tango!”. No tengo dudas que Las Rositas van a alcanzar rápidamente los más afamados escenarios de Argentina y el mundo: los que sentimos la música y amamos el tango nos merecemos disfrutar de Las Rositas. enero de 2008 _______________________________________________________
|
| página inicial | notas | cartelera | amigos en Internet | por dónde anduvimos | La zapie del Profe | quiénes somos |